¿Quién fue DANIEL DEL FIERRO? | PISTOLEROS FAMOSOS 

Que ha muerto Daniel  del Fierro, la tragedia de cantar. ¿Se imaginan pertenecer a una familia donde el apellido es sinónimo de peligro y donde una frase popular sentencia tu destino? Si quieres hacerte famoso, mata a un delfierro. Aquí te traigo la historia detrás de Daniel del Fierro, de uno de los últimos pistoleros famosos de esta legendaria familia, quien supuestamente perderá la vida en una emboscada de falsos adonales, pero que la policía desmiente con su propia versión.

O al menos eso cuenta la historia. Corre la década de 1960. Eran tiempos violentos en tierras tamaulipecas. No era la guerra revolucionaria ni la cristiada. Era una época de pistoleros, de rencillas familiares, de contrabandistas y de una ley que se escribía balazos en las brechas y las cantinas. En ese mundo, ningún apellido pesaba más que el del fierro.

No hablamos de un solo hombre, hablamos, como lo dice en sus crónicas, de cuatro generaciones de pistoleros. Una dinastía donde el destino parecía marcado, donde la mayoría de los hombres morían jóvenes y de forma violenta. Ser un delfierro era llevar un blanco en la espalda. La fama en la frontera se pagaba cara. La vida de los hermanos del fierro era una persecución constante, un torbellino.

Los periódicos de 1967 relatan como Daniel y Ricardo eran fantasmas. La policía judicial admitía a la prensa que los persiguen por distintas zonas, que recibían informes contradictorios y denuncias anónimas. Cuando ya creíamos tenerlos, cambiaban de escondite. Se movían de rancho en rancho, ayudados por allegados que les daban refugio y comida.

Pero el peligro no venía solo de la ley, venía de sus rivales. El odio hacia su apellido era tal que sus enemigos no respetaban nada. Una noche, un atentado brutal sacudió a la familia. Varios desconocidos dispararon ráfagas de escopeta contra la casa de Amparo del Fierro, tía de Daniel. Ella y su hija resultaron heridas por los perdigones.

Atacar a las mujeres de la familia era cruzar una línea sagrada, incluso en el mundo de los pistoleros. Era una señal inequívoca de que esos rivales ya no buscaban un ajuste de cuentas, buscaban el exterminio total de la dinastía. Esto obligó a los hermanos a estar en movimiento constante, a desconfiar de todo y de todos.

Ya no solo huían de la ley, huían de una cacería privada, una sentencia de мυerte que podía ejecutarse en cualquier brecha solitaria. Y así llegamos a ese día fatal. 1969, la fecha que el corrido inmortalizaría. El corrido escrito por Reinaldo Martínez el Gallero y grabado por Ramón Ayala con la Liceo Robles en 1975 arranca como una crónica periodística.

Año del 69. Yo quisiera recordarles que ha muerto Daniel del Fierro. La tragedia de cantarles cayó en terrible emboscada de unos falsos aduanes. Y aquí la historia contada por don Ricardo del Fierro se empalma perfectamente con la canción. No fue un enfrentamiento, fue una trampa cobarde. Aquel día los hermanos Daniel y Ricardo del Fierro viajaban en una camioneta por la carretera que va de Matamoro, Saba y Hermoso.

Con ellos iba su sobrino Aarón del Fierro, quien conducía el vehículo. Ricardo y Daniel iban en la caja de la camioneta. Era una brecha de tierra, el sol pegaba fuerte, el polvo se levantaba tras ellos. Era un camino que conocían de memoria. En el kilómetro 120, en la brecha conocida como Las yescas, vieron un retén.

Nueve hombres vestidos con uniformes de resguardo aduan les hicieron la señal de alto. El retén parecía legítimo, pero en esa tierra y con ese apellido, la confianza era un lujo que no te podías dar. Aaron del Fierro, el conductor redujo la velocidad, pero sus ojos no dejaban de escanear la escena. Algo no estaba bien, quizá las armas, quizá los rostros.

En una fracción de segundo, Aarón supo que no eran aduanes y era una trampa. Eran pistoleros disfrazados esperándolos. Aarón no detuvo la marcha. En un acto desesperado por salvar la vida, pisó el acelerador a fondo para romper el falso retén. La camioneta saltó con violencia sobre los baches de la brecha.

Con la maniobra brutal, Daniel, que iba en la caja, perdió el equilibrio y cayó. El tiempo se detuvo. Daniel estaba en el suelo en medio del camino tratando de reincorporarse y buscar su arma. Fue una fracción de segundo fatal. Para los nueve pistoleros fue una señal. Yo no había necesidad de fingir.

Las escopetas recortadas y las metalletas emergieron. El silencio de la brecha se hizo pedazos por el estruendo de una descarga cerrada. El polvo se levantó no por la camioneta, sino por el impacto de cientos de perdigones y balas. Fue una masacre. Los nueve falsos adonales abrieron fuego al mismo tiempo. El corrido dice, “Fue acrebillado a balazos cuando iba en su camioneta.

” Hirieron Aarón y a Ricardo con balas de metralleta. Daniel del Fierro murió en ese instante en el polvo del camino. Su hermano Ricardo, aún en la caja de la camioneta que seguía en movimiento, recibió nueve impactos de bala. Nueve balazos que, como él mismo diría, años después, con una frialdad asombrosa, fueron maldados y que milagrosamente le permitieron sobrevivir para contar la historia.

Aarón, el sobrino también resultó gravemente herido, pero logró seguir conduciendo y escapar del lugar. Don Ricardo, el último de la dinastía, ha dicho en entrevistas recientes, “Yo recuerdo en los sueños todo eso es algo que nunca se me borró.” “Pues, ¿cómo podría borrarse? Vio a su hermano caer y sería ejecutado en una trampa cobarde, mientras él mismo también recibía balazos.

” Esta es la versión que se hizo leyenda, la que cantan los relámpagos del norte y luego Ramón Ayala. Una мυerte épica a manos de un escuadrón. Una traición de nueve hombres para acabar con un solo del Fierro. Pero, ¿fue realmente así? Las crónicas policíacas de la época, las que no se cantan en los corridos, cuentan una historia diferente, menos épica, pero igual de brutal.

Según un informe de esos días, la мυerte de Daniel del Fierro no fue una emboscada de falsos aduanes, fue una venganza personal. Según este reporte, un hombre llamado Germán viajaba en un vehículo con otros dos, un tal Guadarrama y un Gumaro López. De pronto vieron a Daniel del Fierro parado en un lado de la carretera como si esperara a alguien al verlo.

Germán, que llevaba meses cargando un profundo resentimiento por la мυerte de un amigo suyo llamado Pepe, una мυerte que le atribuyían a Daniel, vio su oportunidad. El vehículo se detuvo. Germán bajó armado con un fusil. Se dirigió a Daniel sin mediar palabra. No hubo insultos, no hubo un duelo.

Apuntó el arma e disparó a quemarropa. Daniel cayó de inmediato sin poder defenderse. El reporte indica que Gumaro López, el otro acompañante, juró no haber disparado, pero su familia intentó desesperadamente de defenderlo. La versión de Germán fue simple. Lo hizo porque recordó lo que Daniel había hecho a Pepe. Entonces tenemos dos versiones, una la del corrido y el sobreviviente, que habla de una emboscada masiva, nueve pistoleros disfrazados, metralletas y una traición a gran escala.

La otra, una crónica policiaca que habla de una venganza personal, un solo tirador con un rifle motivado por un ajuste de cuentas anterior. ¿Cuál es la verdad? ¿Es posible que la versión de Germán fuera una cuartada por ocultar los verdaderos asesinos? ¿O es posible que la presión de la emboscada fuera una forma de vestir la мυerte de Daniel? De serla más grande, más acorde la leyenda de la dinastía de la мυerte de los hermanos del fierro.

Después de todo, es más honorable caer ante nueve enemigos que ante un solo hombre en una venganza. El corrido mismo lo sentencia. Terminar la dinastía sus rivales han querido. Si los hermanos del fierro abalazos han caído, la forma en que ellos murieron jamás pasará al olvido. La leyenda se centró en la forma, en la traición, en los falsos aduanes.

Quizá la verdad se perdió en el polvo de esa brecha, pero la leyenda quedó grabada para siempre en la voz de Eliseo Robles. Y esa fue la historia detrás del corrido de Daniel del Fierro. Una crónica de violencia, una dinastía marcada por la tragedia y un misterio sobre la verdadera cara de sus asesinos. Cuéntanos tú qué piensas de esta historia.

¿Cuál versión te parece más creíble? ¿La emboscada épica del corrido o la venganza personal del reporte policiaco? Nos encantaría saber muchísimo tu opinión. Recuerda que te leemos en la parte de los comentarios. Por mi parte, no nos queda más que agradecer a toda la audiencia. Recuerda que cada semana te presentamos una historia igual de interesante a esta.

Así que no olvides suscribirte al canal para que no te pierdas ninguna de ellas. Te saluda Martín Santana. Nos escuchamos la próxima semana con otra historia de esas del México que se fue, ya que aún hay mucho que contar o al menos eso cuenta la historia.