Lágrimas bajo los reflectores: El calvario de Maribel Guardia y la maldición de los Figueroa

La noche del 9 de abril de 2023, la Ciudad de México vibraba con el bullicio habitual de su cartelera teatral. En el escenario de “Lagunilla mi barrio”, una mujer deslumbrante, de silueta eterna y sonrisa profesional, hacía reír a 800 personas. Maribel Guardia, la costarricense que conquistó el corazón de México, cumplía con el ritual sagrado del espectáculo: el show debe continuar. Sin embargo, mientras ella bailaba entre lentejuelas y aplausos, a solo 15 kilómetros de distancia, en la quietud de su casa en Jardines del Pedregal, el silencio se volvía definitivo.

Julián Figueroa, su único hijo, el heredero de la leyenda de Joan Sebastian, yacía sin vida en el piso de su habitación. Tenía solo 27 años. Un infarto fulminante detuvo su corazón mientras su madre, irónicamente, le regalaba vida al público. Esta es la crónica de una tragedia anunciada, de una dinastía marcada por la sangre y de una madre que, tras décadas de construir una fortaleza de éxito, vio cómo su mundo se partía en dos en el camerino de un teatro.

La historia de Julián Figueroa no comenzó con su nacimiento en 1995; comenzó con la pesada herencia de su padre, Joan Sebastian, el “Poeta del Pueblo”. Para entender el destino de Julián, hay que mirar hacia atrás, hacia los hermanos que no llegaron a conocer la vejez. La familia Figueroa no es solo una estirpe musical; para muchos, es un cementerio con canciones de fondo.

Julián creció a la sombra de dos ataúdes. Primero fue Trigo de Jesús Figueroa, asesinado en 2006 en Texas. Joan Sebastian sostuvo a su hijo durante 50 eternos minutos mientras la vida se le escapaba entre los dedos en el suelo de una feria. Cuatro años después, en 2010, la violencia reclamó a Juan Sebastián Figueroa, ejecutado frente a un bar en Cuernavaca.

Julián, que entonces era solo un adolescente, fue testigo de cómo su padre, un hombre que llenaba estadios, se arrodillaba ante el polvo, derrotado por una violencia que ninguna canción pudo calmar. Estos eventos sembraron en Julián una semilla de melancolía que nunca terminó de germinar en paz. A los 20 años, vio morir a su padre tras una batalla de 16 años contra el cáncer de huesos, un proceso que le arrebató la voz al hombre que vivía de ella. Julián heredó el talento, sí, pero también una depresión profunda que intentó ahogar, sin éxito, en el alcohol.

Antes de la tragedia de la muerte, Maribel vivió la tragedia del desamor. México entero creía que el matrimonio entre la reina de belleza y el cantautor era indestructible. Pero la realidad se reveló de la forma más cruel posible: frente a las cámaras de televisión nacional.

Sucedió en 1996. Maribel y Joan protagonizaban la telenovela “Tú y yo”. Los rumores de un romance entre Joan y la actriz Arlet Terán flotaban en el set, pero Maribel, confiada, los ignoraba. Una tarde, mientras ambos estaban acostados en su cama viendo el programa Ventaneando, el conductor Pepillo Origel soltó la bomba: había visto a Joan Sebastian en un bar, muy cariñoso con Terán.

En ese instante, el silencio en la recámara fue sepulcral. Maribel no gritó. Con la misma determinación con la que dejó Costa Rica a los 18 años, se levantó, caminó al closet, sacó las botas y la ropa de Joan y las aventó a la calle. Ese día, Maribel decidió que el perdón no era una opción ante el patrón sistemático de infidelidades del cantante. Julián, que apenas tenía dos años, quedó atrapado en medio de dos versiones de una misma historia, creciendo entre el amor incondicional de su madre y la figura ausente pero omnipresente de su padre.

Años después de la muerte de Joan Sebastian, Julián parecía estar luchando por su vida. Sin embargo, en febrero de 2026, revelaciones demoledoras de su viuda, Imelda Garza Tuñón, arrojaron luz sobre lo que realmente ocurría en las semanas previas al 9 de abril de 2023.

Según Imelda, apenas un mes antes de morir, Julián fue llevado a Torreón por Marco Chacón (esposo de Maribel) para colocarle un implante de Naltrexona, un fármaco para bloquear la adicción a sustancias. El protocolo médico exigía internamiento y terapia integral, pero Imelda asegura que Marco se negó. Julián regresó a casa con el implante, pero sin el soporte necesario.

Lo que siguió fue un descenso al horror:

Convulsiones: El cuerpo de Julián empezó a sacudirse sin control.

Parálisis parcial: Perdió movilidad en el lado izquierdo de su cuerpo.

La “compasión” de madre: Imelda afirma que le suplicó a Maribel internar a Julián en rehabilitación, pero la actriz se negó por “lástima”, debido a que Julián se había lastimado un brazo en una caída.

“Si lo hubieran metido a rehabilitación, yo ahorita tendría esposo”, sentenció Imelda en una frase que resuena como un juicio final sobre la gestión del dolor en esa casa. La autoridad certificó una “muerte natural” por infarto, pero nunca se realizó una necropsia para investigar si el implante o las convulsiones previas jugaron un papel fatal.

La muerte de Julián no trajo paz, sino una guerra legal sin cuartel. En enero de 2025, Maribel Guardia, la abuela amorosa, se convirtió en la demandante implacable. Denunció a Imelda por abandono de menores y violencia familiar, logrando que las autoridades le entregaran la custodia temporal de su nieto, José Julián, tras sacarlo de la escuela de forma inesperada.

Imelda pasó 38 días sin poder ver a su hijo. Se sometió a exámenes toxicológicos y psicológicos para demostrar su aptitud. En un giro dramático, el 1 de marzo de 2025, la policía llegó a la casa de Maribel para exigir la entrega inmediata del niño tras un fallo judicial. Maribel apeló 13 veces, buscando desesperadamente retener al único vínculo vivo que le quedaba de su hijo.

Hoy, la relación está rota. Imelda asegura que Maribel, a pesar de pelear en tribunales, no llama para preguntar por la salud del niño. Detrás de esta batalla se asoman sombras de intereses económicos: Marco Chacón fue nombrado albacea de la herencia de Julián, y la custodia del niño es la llave de ese legado.

Maribel Guardia es el ejemplo máximo de la resiliencia mexicana/latina, pero su historia también es una advertencia. Desde los 19 años aprendió que si algo se rompe, lo arregla ella sola. Esa misma fortaleza, ese instinto de “madre protectora” que evita la mano dura de la rehabilitación, pudo ser, según el relato de los hechos, su mayor debilidad.

Julián Figueroa murió buscando a su papá (“Solo quiero a mi papá”, escribió horas antes de fallecer). Maribel Guardia vive hoy con el aplauso de millones, pero con el silencio devastador de una casa en Pedregal donde el eco de su hijo se apaga entre abogados y resentimientos. La vida le dio todo el éxito que una maleta de Costa Rica podía cargar, pero le cobró la factura más cara en el camerino de un teatro.