LA LIBRETA DE PLUMA Y EL TEATRO DE LOS CAPOS: MEMORIAS DEL INFRAUNDO
LA LIBRETA DE PLUMA Y EL TEATRO DE LOS CAPOS: MEMORIAS DEL INFRAUNDO

Yo, el testigo presencial, el narrador desgastado por la repetición de una tragedia circular.
El aire en México siempre ha tenido un sabor metálico, una mezcla de sangre vieja y pólvora que se te pega a la lengua y no te deja olvidar dónde estás. He pasado décadas persiguiendo sombras en los callejones del poder y en las trincheras de la guerra contra el narco, y si algo he aprendido es que nada es lo que parece. La historia que nos cuentan, la que gritan los titulares y la que satanizan los gobiernos, es un teatro de sombras diseñado para desviar la atención de los verdaderos arquitectos del caos.
Hoy, la narrativa oficial celebra el abatimiento de Nemesio Oseguera, alias “El Mencho”, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). Los medios se llenan de imágenes de Puerto Vallarta incendiado, de bloques de seguridad, de la supuesta entrega del cuerpo y su velorio. Pero mientras el mundo mira hacia ese punto focal, yo me pregunto: ¿de qué nos están distrayendo ahora?
Para entender el presente, debemos diseccionar el pasado, y en la historia de México, la figura del capo ha sido siempre una herramienta funcional para el poder. No son los jefes, son operadores logísticos, empleados de intereses mucho más elevados que se sientan en oficinas con aire acondicionado en Washington y Tel Aviv, no en cabañas en la sierra.
Mis recuerdos me llevan a la década de los 70, a los años de plomo de la malllamada “guerra sucia”. El narcotráfico en ese entonces no era la hidra sangrienta que es hoy; era una salida económica para la precariedad del campo sinaloense, un negocio coordinado por el propio Estado. Y el gran operador de todo eso era Pedro Avilés.
Avilés no era el jefe. Era el empleado que coordinaba a las grandes familias, a los militares, a los gobiernos locales. Era un emperador logístico en un sistema donde los propios militares agarraban la droga, la llevaban a la frontera y los gringos la dejaban pasar sin problema. El narco era funcional para la política injerencista de Estados Unidos, una herramienta para controlar y reprimir.
La brutalidad comenzó cuando la policía, específicamente la Dirección Federal de Seguridad (DFS), entró activamente en el negocio. El narcotráfico se instrumentalizó como arma política para perseguir a activistas y voces discordantes. El traslado del negocio a Guadalajara no fue una casualidad; fue una estrategia de represión bajo el pretexto de combatir el tráfico de drogas. Así surgieron figuras como Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto Fonseca y Rafael Caro Quintero, réplicas del mismo mensaje.
La narrativa oficial necesita capos míticos para justificar su guerra interminable. Nos vendieron la historia de Amado Carrillo Fuentes, el “Señor de los Cielos”, con su supuesta flotilla de Boeings entrando y saliendo de Estados Unidos cargados de droga. Piénsalo por un segundo: ¿de verdad nos vamos a tragar que Estados Unidos no sabía que este hombre compraba y operaba aviones como si fueran bicicletas? Cualquiera ve y compra un avión, claro.
La idea era construir la figura del capo todopoderoso, el monstruo que mató a Paco Stanley, el hombre que no murió en una cirugía plástica, sino que se cambió el rostro y vive en una isla paradisíaca. Y aunque hay pruebas de ADN que confirman su muerte, la leyenda popular sigue viva, alimentada por el mismo sistema para darle un espacio de misticismo a estos personajes y mantenernos distraídos.
Luego llegó Joaquín “El Chapo” Guzmán. De repente, el Chapo era un gran director general, un empresario brutal que figuraba en la lista de Forbes entre los hombres más ricos del mundo. Pero, ¿en dónde está todo ese dinero? Las cantidades astronómicas de su supuesta fortuna no las tienen sus hijos, no están en sus propiedades. Al Chapo le atribuyeron una fortuna de 1,000 millones de dólares. Un gran CEO, sin duda.
Esta figura de personaje tipo Robin Hood, salido de la pobreza para convertirse en el todopoderoso de la industria, sirve para dos cosas: criminalizar la pobreza e integrar a jóvenes de escasos recursos al crimen organizado bajo la falsa promesa de que ellos también pueden ser como él. Te pintan Amado Carrillo guapísimo, como José María Yazpik, todo galán, y a Félix Gallardo como Diego Luna. No tiene nada que ver lo que te pintan en esas series con la realidad, pero lo ocupan los grandes medios para reclutar gente o legitimizar esas acciones.
Y ahora, Nemesio Oseguera. Hace unos días se dieron a conocer unas supuestas narconóminas del CJNG. Nos han dicho que es el cártel más poderoso del mundo, con ramificaciones en todos lados y negocios impresionantes. Pero, ¿su contabilidad la llevan en un cuaderno escrito con pluma?
Si revisas esas narconóminas, te das cuenta de que el cártel más poderoso del mundo paga propinas. Ninguna cifra tiene que ver con paraísos fiscales, con empresas fachada o fondos de inversión. Para alcanzar el dinero que dicen que tiene el CJNG, no lo haces con inversiones locales; necesitas entrar al sistema financiero con grandes cantidades de dinero.
No cuadra en ningún sentido que el Mencho manejara todo un conglomerado internacional violento a través de una libretita, al estilo del Mayo Zambada, de quien nos decían que manejaba el Cártel de Sinaloa desde una cabaña en la sierra, comunicándose con todo el mundo. No es desestimar a la gente, pero así no funciona el narco capitalismo. Es un asunto geopolítico y geoeconómico, no local.
La realidad es mucho más cínica: el narcotráfico es un arma ingerencista de Estados Unidos que le permite meterse en donde quiera con ese pretexto. Venezuela, México… el Cártel de los Soles. Por eso, cuando la gente pregunta si se va a acabar el narco, la respuesta es no. No se va a acabar mientras a Estados Unidos le siga siendo útil.
Los capos son funcionales en el discurso. Hoy por hoy ya no tenemos ningún gran capo, al estilo Colombia tras el fallecimiento de Orlando Henao. Surgen capos menores como el Mayito, los Chapitos, los Olascuaga, los supuestos sucesores del Mencho: el Sapo, el R, el Tío. Son cartas que cuando sea necesario, las vas a quitar. Lo que nunca va a caer es el negocio, porque el negocio no lo manejan ellos.
El abatimiento del Mencho es un golpe importante, no porque se acabe el narco, sino porque era un operador clave que generaba la violencia suficiente para que los de arriba ganen. El CJNG vende la propia violencia y tiene una formación paramilitar, con adiestramiento proveniente no solo de las fuerzas armadas mexicanas, sino también de mercenarios internacionales colombianos, ucranianos y norteamericanos.
La violencia del CJNG ha sido ocupada para actos extractivistas en regiones ricas en petróleo, minas y madera, provocando desplazamientos. Ostula es un ejemplo palpable. ¿Para quién trabaja el cártel Jalisco? Es un brazo armado de un capitalismo brutal. El narcotráfico no es enemigo de un sistema; es un engranaje más de ese propio sistema.
El CJNG se formó durante la gestión de Felipe Calderón, bajo el cobijo de políticos como Emilio González Márquez y Emilio González Márquez, y se empoderó durante el sexenio de Enrique Peña Nieto con Aristóteles Sandoval y Aristóteles Sandoval. El tema del CJNG se vincula con el Grupo Jalisco, un grupo político insertado desde hace años en el estado.
No nos engañemos: hay una intromisión directa de la CIA. ¿Qué tenían que estar haciendo asesores del cártel Jalisco en Ucrania, entrenados por un ejército nazi como el que está del lado de este señor Zelenski?
La CIA tenía una relación con el CJNG y lo armaba. Cuando entregaron la información de dónde estaba el Mencho, fue porque ya había que acabar con él, porque eso era un cuatro para el gobierno de Trump. Jamás pensaron que el ejército mexicano se iba a meter, pero el gobierno de la 4T se dio cuenta de que si no lo hacía, Trump lo usaría como pretexto para decir: “Yo te di la información, tú lo estás protegiendo, entonces yo voy a entrar a hacerlo”.
Por eso Trump estaba tan enojado. Queremos saber quiénes están detrás de las cosas, veamos las reacciones de cada quien. Trump dijo que México tiene que hacer más, cuando acaban de matar al mayor narco. Estaba enojado porque le quitaron un operador importante y porque le quitaron la narrativa de que Morena los protege y de que México los necesita. Les tumbaron el argumento del narcoestado.
Desde que ganó Claudia Sheinbaum, los medios han querido generar un rompimiento con López Obrador, minimizándola. Pero Sheinbaum no tiene esos niveles de inmadurez. El mejor ejemplo de que no hay rompimiento es el propio López Obrador, quien no ha criticado ninguna de sus decisiones.
La frase “abrazos no balazos” ha sido satanizada y sacada de contexto. Andrés Manuel jamás hablaba de darle abrazos a los delincuentes; hablaba de atender las causas socioeconómicas que convierten a niños y adolescentes en sicarios. Los sicarios son producto de un tejido roto, de padres que abandonan a la familia, de la violencia doméstica provocada por la pobreza y el estrés.
López Obrador detuvo a varios capos, incluyendo Ovidio Guzmán la segunda vez, demostrando cómo se hacían las cosas y no al estilo cowboys. Calderón jamás tuvo razón porque no tenía la legitimidad de Sheinbaum y sacó al ejército sin ninguna ley que lo facultara. Claudia Sheinbaum lo saca bajo otra ley que controla la letalidad.
Sheinbaum lo que hace es un complemento: seguir atendiendo las causas, pero cerrar la pinza deteniéndolos. Omar García Harfuch piensa como policía y genera estrategias basadas en la inteligencia que llevan a detenciones constantes. Se va en un camino adecuado porque estás desarticulando las bases del poder desde abajo, golpeando el nivel municipal y la corrupción policiaca municipal.
Hoy por hoy, el gran peligro de este planeta se llama Donald Trump, se llama Benjamín Netanyahu, se llaman Estados Unidos y se llama Israel. Esto no va a acabar hasta que Estados Unidos no quiera que acabe, hasta que el narco le deje de ser funcional para su política injerencista. Y mientras tanto, nosotros seguiremos aquí, atrapados en este teatro de sombras, persiguiendo a capos con libretas de pluma mientras los verdaderos monstruos siguen operando en la impunidad total.
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