El profesor le rompió la tiza y le gritó: ‘¡Tú solo sirves para pedir limosna!’. Lo que el niño escribió después en la pizarra dejó a toda la clase helada.
En el barrio de Las Lomas, donde el asfalto se rendía ante la tierra y las casas parecían sostenerse más por milagro que por arquitectura, vivía Sebastián Quiroga. A sus...